“¡Qué
hermoso/lustroso estás!” es una frase de aquellas generaciones que su niñez
(si es que la tuvieron) la pasaron en los años del hambre o de la posguerra; así que
ver a un niño o un hijo gordito era un placer porque era síntoma de salud y de
abundante comida.
Qué
sorpresa me llevé cuando decidieron, de manera particular, entregarme un pato
gordo que encerraba una gran carga simbólica.
¡Qué
hermosura de Pato! Porque rebosa por todos sus “michelines” reconocimiento
sincero y un enorme guiño al empeño en lograr desinteresadamente actividades
que suman (a quien no le gusta que le den una palmadita en la espalda).
El
Pato Gordo me llenó de emoción por su mucha simbología:
La
primera es su gordura, creo que queda ya claro.
Le
sigue esa gorra, que cuidadosamente porta en la cabeza. 44 años siendo Policía
Nacional marcan mucho, donde mil situaciones, unas buenas y otras malas, pero
todas con el fin de hacer una sociedad más vivible. Eso sí, la gorra siempre
puesta, porque un uniforme sin gorra le falta la presentación que debe recibir
todo ciudadano, saludar y al mismo tiempo mandar el mejor mensaje de un
Servidor Público: "Aquí estoy para ayudarte".
Bajamos
y sobre su pecho la Concha del Camino de Santiago, siempre me recordará que
este año fuimos capaces de ser peregrinos desde nuestro Pueblo hasta Santiago
de Compostela y llegar a Finisterre para trasladar 952 km de solidaridad con
ARAZAR.
Sobre
la panza, está por lo que nació este Pato Gordo, el Trail Humedales Manchegos o
THM, y su distancia en varas, pretendiendo ser una reivindicación de lo nuestro
y que, a través del deporte, se acerque y se expanda a otras personas y
lugares.
Para
finalizar, junto a los pies del Pato Gordo, una dedicatoria en la que figura mi
nombre. Decir que añade más de lo que es, pero que hace que el Pato Gordo sea
entrañable y que, de una manera “particular”, me llenó de sorpresa, me dejó sin
palabras y me emocionó, porque quienes me rodeaban me lo estaban entregando con
sinceridad y aprecio.
¡Muchas Gracias!