He sido voluntario para colaborar en determinados actos de la vista de SS el Papa León XIV, y ello me ha ofrecido la oportunidad de tener una vivencia desde otro punto de vista, fuera del ámbito profesional al que estaba acostumbrado.
Mi colaboración ha sido basada en el conocimiento de
situaciones en grandes movimientos de masas; digo esto porque el 99% del
voluntariado le movía una especial fe y entrega a la figura del Papa y a lo que
representa.
Dicho
lo dicho, voy a esta experiencia vivida.
Andaba recorriendo los pasillos, bocanas y mirando desde
diversos graderíos y anfiteatros de este imponente coliseo del Real Madrid.
Estaba en la esquina más extrema y más alta cuando alguien me requirió por mi
carácter de voluntario para ayudar a una persona de 90 años.
Aclarado por qué se había atrevido a subir hasta tan alta
altura. Analizadas las diferentes posibilidades de ubicación y bajada a otra
zona; él y yo nos ponemos a acometer la aventura de desplazarnos por pasillos,
escaleras, indicaciones y el maremágnum de la inmensidad de un lugar que acogía
70.000 personas.
Bajábamos escaleras, parábamos en descansillos, él se agarraba a mí y renqueantemente íbamos desplazándonos. Íbamos lentos, de vez en cuando le decía — Espere aquí, que me informo — y, poco a poco, seguíamos las indicaciones.
Le dije - ¿Qué hace ud. aquí?-, él contestaba que -en un
sorteo de la cofradía, que soy cofrade, me ha tocado y aquí estoy-, le digo -
pero bueno, ¿Cómo no ha ido al lugar de movilidad reducida?, me dice –Me he
hecho el valiente y he querido subir hasta allí.
El bullicio del estadio resonaba, parecía que de un momento a otro haría acto de presencia el Papa. Él, observando que yo miraba y me detenía ante el movimiento lento de una de sus piernas, me dice: —Tengo metralla en la pierna—, seguidamente me pregunta: — ¿Ha oído hablar del atentado en la plaza República Dominicana?—. Lo miro y le digo: —me acuerdo perfectamente de aquel día, yo estaba en la Comisaría de Ventas, soy, bueno, he sido Policía Nacional y aquella mañana nunca la olvido-.
Aquel 14 de julio de 1986, la banda asesina de ETA, de manera cobarde, hizo estallar una furgoneta bomba al paso de un convoy de la Guardia Civil; asesinando a 12 Guardias Civiles y dejando heridas a 60 personas, algunas de ellas personas civiles. El que pulsó el botón para hacer estallar la furgoneta bomba fue el asesino etarra Antonio Troitiño, condenado a 2700 años de prisión, en el año 2021, murió en su casa en libertad.
Estamos llegando al sitio nuevo que debe ocupar, él recuerda con dolor aquella época de memoria democrática reciente, donde asesinos mataban traicioneramente; donde el Ejército y Fuerzas de Seguridad del Estado eran vilmente asesinados, ante una sociedad adormecida que llegaba a justificar la barbarie terrorista con el “algo habrán hecho”. Al mismo tiempo que los asesinos de ETA fueron cazando asesinamente a jueces, políticos, miembros de la sociedad civil y personas que un día pasaban por el lugar equivocado, el “algo habrán hecho” se iba transformando en una repulsa generalizada.
Memoria reciente democrática es esconder tu profesión,
aleccionar a tus hijos a que no digan qué profesión tiene tu padre, tapar la
ropa recién lavada, bajar las escaleras sin encender la luz, mirar bajo el coche,
entretenerte distraídamente y saber que en aquel tiempo democrático existían
animales humanos que simplemente asesinaban por un supremacismo independentista
(la suerte o desgracia de todo esto es, que a fecha del día de hoy la Policía
Nacional y la Guardia Civil no son profesión de riesgo).
Llegamos a su asiento, le doy un abrazo y le digo: —Hoy, estos de ahora no quieren saber la realidad reciente—. Él asiente y le despido con un saludo militar.
Hemos llegado a tiempo. El Papa León XIV entra en el
estadio con una impresionante aclamación. Yo me vuelvo a dar una vuelta por los
pasillos, subo y bajo escaleras hasta, sin saber por qué me encuentro en la
calle y me quedo mirando un despliegue impresionante de vehículos y caballos
policiales y mujeres y hombres de la Policía Nacional en los exteriores del
estadio y todo ello como siempre para hacer que España y sus ciudadanos
convivan en paz y libertad.
"Quiero decirles a ustedes y a todos mis conciudadanos, vivan donde vivan, estén donde estén, a todos los españoles, que, al contrario de frases convencionales, yo ni olvido ni perdono a los asesinos, a los que los han impulsado, a los que han levantado su mano, a los que defienden o exculpan a ETA, sea la violencia callejera, sean determinados medios de comunicación" (Enrique Múgica, 07 de febrero de 1996)































