miércoles, 24 de junio de 2026

Camino El Salvador


Camino que va de sur a norte, desde León a Oviedo. Este último lugar es donde se encuentra la Catedral de San Salvador, lugar donde se custodia una reliquia traída desde Jerusalén, tras un periplo que la llevó por tierras de Alejandría, Cartagena, Toledo y el monasterio de San Toribio de Liébana, para finalmente parar en la Catedral de Oviedo.

Entre el contenido del Arca Santa, un fragmento del Santo Sudario, una tela de lino que se dice acogió el cuerpo de Jesucristo tras su crucifixión.

Dice un antiguo refrán:  «Quien va a Santiago y no va al Salvador, honra al criado y olvida al Señor».

Desde León a Oviedo, cruzando la cordillera Cantábrica, son seis días caminando, siendo sus etapas:

Etapa 1 desde León a La Robla. Una distancia de 27 km y un desnivel positivo de 382 metros.

Etapa 2, La Robla a Pobladura de la Tercia, 24 km y con un desnivel positivo de 637 metros.

Etapa 3 desde Poladura de la Tercia a Pajares, una distancia de 14,100 km y un desnivel positivo de 548 metros.

Etapa 4 desde Pajares a Pola de Lena, 24,200 Km y un desnivel positivo de 580 metros.

Etapa 5 desde Pola de Lena a Mieres, 13,52 km y un desnivel positivo de 53 metros.

Etapa 6 y última desde Mieres a Oviedo, 18,78 km y un desnivel positivo de 526 metros.


lunes, 22 de junio de 2026

Memoria Democrática Reciente


He sido voluntario para colaborar en determinados actos de la vista de SS el Papa León XIV, y ello me ha ofrecido la oportunidad de tener una vivencia desde otro punto de vista, fuera del ámbito profesional al que estaba acostumbrado.

Mi colaboración ha sido basada en el conocimiento de situaciones en grandes movimientos de masas; digo esto porque el 99% del voluntariado le movía una especial fe y entrega a la figura del Papa y a lo que representa.

Dicho lo dicho, voy a esta experiencia vivida.

Andaba recorriendo los pasillos, bocanas y mirando desde diversos graderíos y anfiteatros de este imponente coliseo del Real Madrid. Estaba en la esquina más extrema y más alta cuando alguien me requirió por mi carácter de voluntario para ayudar a una persona de 90 años.

Aclarado por qué se había atrevido a subir hasta tan alta altura. Analizadas las diferentes posibilidades de ubicación y bajada a otra zona; él y yo nos ponemos a acometer la aventura de desplazarnos por pasillos, escaleras, indicaciones y el maremágnum de la inmensidad de un lugar que acogía 70.000 personas.

Bajábamos escaleras, parábamos en descansillos, él se agarraba a mí y renqueantemente íbamos desplazándonos. Íbamos lentos, de vez en cuando le decía — Espere aquí, que me informo — y, poco a poco, seguíamos las indicaciones.

Le dije - ¿Qué hace ud. aquí?-, él contestaba que -en un sorteo de la cofradía, que soy cofrade, me ha tocado y aquí estoy-, le digo - pero bueno, ¿Cómo no ha ido al lugar de movilidad reducida?, me dice –Me he hecho el valiente y he querido subir hasta allí.

El bullicio del estadio resonaba, parecía que de un momento a otro  haría acto de presencia el Papa. Él, observando que yo miraba y me detenía ante el movimiento lento de una de sus piernas, me dice: —Tengo metralla en la pierna—, seguidamente me pregunta: — ¿Ha oído hablar del atentado en la plaza República Dominicana?—. Lo miro y le digo: —me acuerdo perfectamente de aquel día, yo estaba en la Comisaría de Ventas, soy, bueno, he sido Policía Nacional y aquella mañana nunca la olvido-.

Aquel 14 de julio de 1986, la banda asesina de ETA, de manera cobarde, hizo estallar una furgoneta bomba al paso de un convoy de la Guardia Civil; asesinando a 12 Guardias Civiles y dejando heridas a 60 personas, algunas de ellas personas civiles. El que pulsó el botón para hacer estallar la furgoneta bomba fue el asesino etarra Antonio Troitiño, condenado a 2700 años de prisión, en el año 2021, murió en su casa en libertad.

Estamos llegando al sitio nuevo que debe ocupar, él recuerda con dolor aquella época de memoria democrática reciente, donde asesinos mataban traicioneramente; donde el Ejército y Fuerzas de Seguridad del Estado eran vilmente asesinados, ante una sociedad adormecida que llegaba a justificar la barbarie terrorista con el “algo habrán hecho”. Al mismo tiempo que los asesinos de ETA fueron cazando asesinamente a jueces, políticos, miembros de la sociedad civil y personas que un día pasaban por el lugar equivocado, el “algo habrán hecho” se iba transformando en una repulsa generalizada.

Memoria reciente democrática es esconder tu profesión, aleccionar a tus hijos a que no digan qué profesión tiene tu padre, tapar la ropa recién lavada, bajar las escaleras sin encender la luz, mirar bajo el coche, entretenerte distraídamente y saber que en aquel tiempo democrático existían animales humanos que simplemente asesinaban por un supremacismo independentista (la suerte o desgracia de todo esto es, que a fecha del día de hoy la Policía Nacional y la Guardia Civil no son profesión de riesgo).

Llegamos a su asiento, le doy un abrazo y le digo: —Hoy, estos de ahora no quieren saber la realidad reciente—. Él asiente y le despido con un saludo militar.

Hemos llegado a tiempo. El Papa León XIV entra en el estadio con una impresionante aclamación. Yo me vuelvo a dar una vuelta por los pasillos, subo y bajo escaleras hasta, sin saber por qué me encuentro en la calle y me quedo mirando un despliegue impresionante de vehículos y caballos policiales y mujeres y hombres de la Policía Nacional en los exteriores del estadio y todo ello como siempre para hacer que España y sus ciudadanos convivan en paz y libertad.

"Quiero decirles a ustedes y a todos mis conciudadanos, vivan donde vivan, estén donde estén, a todos los españoles, que, al contrario de frases convencionales, yo ni olvido ni perdono a los asesinos, a los que los han impulsado, a los que han levantado su mano, a los que defienden o exculpan a ETA, sea la violencia callejera, sean determinados medios de comunicación" (Enrique Múgica, 07 de febrero de 1996)



lunes, 15 de junio de 2026

Fe

Son poco más de las 13 horas, una persona que no ha pasado la cuarentena se acerca. Entra directamente en conversación y dice: - ¿Por dónde pasa el Papa? He visto que coge a los niños y los bendice. Tengo a mis hijos en el hospital en la UCI, pero le traigo unas fotos de ellos; al mismo tiempo, saca las fotos de una bolsa de compras.

Le miro a los ojos y, tras un súbito golpe de emoción, le comento: —Sinceramente, no sé por dónde entrará, pero si me entero te digo algo—. Él sólo me dice: —No te preocupes, estaré pendiente de ti—.

Son casi las 15 horas (quedan tres horas para la entrada de la comitiva). Él está clavado, sin quitarme el ojo. Me acerco a él, le comento lo probable y las posibilidades de poderlo ver. Él sólo me dice que quiere que el Papa vea las fotos de sus hijos.

Son las 19,30 horas en el interior de Movistar Arena suena el himno (Alza la Mirada) de la Visita de SS el Papa León XIV a España:

“El Señor es mi fuerza y mi esperanza. No vacilaré. Él es la roca de la salvación. En Él confío y no tiemblo. En Él confío y no tiemblo.”

Todos estamos de pie; en ese momento, me viene la imagen de ese joven padre, y me brotan unas lágrimas que trato de contener. Lo intento y no puedo; hago movimientos disimulados y lentos para que desaparezcan. Siento su voz, su mirada, su desesperación, su angustia, su querer llegar a esa creencia o fuerza espiritual con la fuerza de la última esperanza. Vuelven a brotar esas lágrimas furtivas porque la peor desesperanza es negar la vida a un hijo.

Siento cierta culpabilidad al pensar que no haya conseguido su objetivo. Siento la culpabilidad de no haber hecho lo suficiente y siento la rabia de no tener el poder de abrir el camino a quien, en un acto de fe, quería enseñar las fotos de sus hijos para que el Papa León XIV diera la bendición a sus pequeños.



martes, 9 de junio de 2026

Cometas en el Cielo

    Este libro lo tenía por ahí escondido, así que llegó el día de desempolvarlo para convertirse en un libro de esos que no solo te abren la mente, sino que también te hacen ver la crudeza del mundo, que, por desgracia, el sistema oligárquico de poder a lo que llega es a cambiar uno por otro, para que sus personas, sus ciudadanos, sean solo meros instrumentos.

    Monarquía, república, régimen comunista y los talibanes son entre estos vaivenes en los que se mueve la vida y la amistad de dos niños (Amir y Hassan).

    Khaled Hosseini escribe "Cometas en el cielo" y se deja llevar por su “terruño” y sus vivencias, además de que, con certeza, nos acerca al pueblo afgano. “El niño hindú aprendería muy pronto lo que los británicos descubrieron a principios de siglo y los rusos a finales de la década de los ochenta: que los afganos son un pueblo independiente. Los afganos cuidan y protegen las costumbres, pero aborrecen las reglas" (Cometas en el cielo).

    Khaled Hosseine nos adentra en sus formas de ver y entender la vida del pueblo afgano, incluso a veces entiendes cómo interactúan sus costumbres: “coge dos afganos que no se han visto en su vida, déjalos en una habitación diez minutos y acabarán descubriendo su parentesco.” Pero en la misma medida la lectura se convierte en un desgarrador relato, donde quieres negar que nada de eso sea realidad, aunque “lo que hay de sobra son niños que han perdido su infancia” cruda reflexión sobre que “en Afganistán hay muchos niños, pero poca infancia.”. “-Ella parecía a punto de llorar-. Qué voy a darles de comer… Me alejé de puntillas. Comprendí entonces por qué los niños no habían mostrado el más mínimo interés por el reloj. Miraban mi comida.” (Cometas en el Cielo)

    Cometas en el Cielo es ese libro que nos acerca a lo humano, a la dureza de la realidad de otro mundo que existe y nos cuesta creer por su aterrador desgarro, donde, en determinados momentos, los pelos se ponen de punta, las lágrimas se acercan a los ojos y reflexionas sobre las miserias de la vida.

    “Regresar a Kabul era como tropezar con un viejo amigo olvidado y ver que la vida no le había tratado bien, que se había convertido en un vagabundo, en un indigente.” (Cometas en el Cielo)

    La amistad de Amir y Hassan es el tema central y nos llevará a un recorrido, recorrido que, junto con otros personajes, va marcando y trenzando la vida de una historia cruel pero tremendamente humana.

    Baba, un padre que a veces es duro, otras muestra un extraño cariño, pero siempre hay una línea de valores que irradia a lo largo de la narrativa de Cometas en el Cielo.

        Rahim Khan que pone el punto de armonía y el camino a la redención.

    Assef es un personaje que, inexplicablemente, mostrará una crudeza, quizás inhumana, pero que es la realidad de un mundo que existe.

    “Sueño que mi hijo crecerá y que será una buena persona, una persona libre e importante. Sueño que las calles de Kabul volverán a adornarse con flores de lawla y que en las casas de samovar volverá a sonar la música del rubab, y que volarán cometas por el cielo. Y sueño que algún día regresarás a Kabul para visitar de nuevo la tierra de tu infancia.” (Cometas en el Cielo).