Antes de entrar en el libro de los tres mundos, decir, los romanos anduvieron por España más de siete siglos; creo que esto nos ha dejado una huella en nuestro ADN.
Nuestra imperfecta democracia, quizás, sea la consecuencia
de una evolución histórica de los distintos modelos que han ido existiendo para
guiar, mandar o explotar una nación. Lo que sí es cierto es que la Roma de aquella época aportó incuestionables líderes militares; no menos importantes son aquellos otros oradores, pero si algo no fue un ejemplo fue su forma de gobierno,
que no se aproximó un mínimo a un sistema democrático. En Roma el voto era
limitado, siempre comprado o ejercido bajo amenaza y, al fin y al cabo, existía
una clase política seleccionada, inalcanzable y sumida en sus mayores egos e
intereses, a lo que lo más cercano a los súbditos era ofrecerles “pan y circo”.
Más de siete siglos entre nosotros y dejaron muchos
legados: nuestra lengua, arquitectura, cultura, administración e infraestructura… todo esto es visible hoy en día.
Pero gobernar en la todopoderosa Roma era una constante
lucha con gladius y pugio, que, por cierto,
manejaban los poderosos con habilidad para que otros se manchasen de sangre (al
fin y al cabo, para eso estaba el pueblo) “-La
eterna historia del mundo, amigo mío: unas monedas de oro siempre marcan la
diferencia. El arte de la política está en saber siempre a quién ofrecérselas”
(los tres mundos). Retórica, eufemismo, manipulación, engaño, traiciones,
utilización del pueblo para interés propio o, como alguien dijo más tarde, “Todo para el pueblo pero sin el pueblo”, en eso consistía el “cursus honorum” o
recorrido para hacer su propia carrera política. “Querido Pompeyo, te sorprendería lo que la gente, sutilmente engañada
por el sortilegio de los eufemismos, puede llegar a aguantar” (los tres
mundos).
“-Lo que importa,
esposo mío, es el poder. Y en Roma, o matas, o te matan” (los tres mundos) En
definitiva, aquella Roma fue en muchas cosas un ejemplo, pero jamás cualquiera
de sus formas de gobierno aportó un ápice de arena que fuese digno de ponerse
en los cimientos de la imperfecta mejor forma de gobernar actual, como es la
democracia. Ahora eso sí, aquellos poderosos elitistas corruptos que gobernaban
o anhelaban gobernar ese mundo, me hacen
preguntar: ¿Dejaron impresa en nuestro ADN político esa impronta de deslealtad
y codicia, que más que gobernar busca enfrentarnos? Eso sí, siempre por el
interés general.
“Maldita Roma” o el ascenso político en aquella marabunta
clase de dirigentes es donde surge el crecimiento político de Julio Cesar que
da paso a “Los Tres Mundo”.
Las soterradas y siempre batalla política por tener o
llegar al poder en la Roma cuasi imperialista, Egipto y el proceso de
integración en Roma, donde su consejero, faraón y sacerdotes escriben el
capítulo que combina la dejadez, la ambición y la comodidad frente a las
necesidades de un pueblo “-No, no
enviamos a nadie –argumentó- es responsabilidad del sacerdote de Ptah y del
resto de los sacerdotes avisar de la crecida del Nilo y reclamar ayuda, si la
consideran necesaria, para asistir a quien lo precise si prevén un ascenso
violento de las aguas ¿no es así?” , sin dejar de lado sus entresijos internos
políticos y la Galia y su siempre difícil conquista en la que el procónsul
Julio César pone en valor su liderazgo como militar y estratego “No asistir a quien nos necesita, cuando
está en nuestras manos ayudarlo, por perjudicar a un enemigo político es de una
bajeza moral y de una indignidad sólo propias de los miserable de la peor
calaña, de seres traidores a su patria que sólo merecen la ignominia y el
desprecio de todos” (los tres mundos) y con excepcional visión que traslada
a la política “Pues en política la misma
estrategia es aplicable: si un gobernante deja morir a quien necesita ayuda
porque por un ruin cálculo político cree que así perjudica a un opositor en el
Senado, te garantizo que, al final, será barrido por el paso de la historia y en
verdad no merece vivir”.
Santiago
Posterguillo, siempre me han enganchado sus distintas sagas (Africanus,
Trajano, Julia y Julio César). Realidad
y ficción junto con una importante dosis de documentación nos acercan al
personaje, su época y los entresijos de una Roma complicada en su sistema de
gobierno, pero lo cierto es que cada uno de sus personajes nos engancha en cada
una de sus páginas de sus libros, y no menos es esta tercera parte de Julio
Cesar, donde, como es habitual en el escritor, intercambia capítulos, más o
menos cortos, que te hacen navegar, de un lado a otros, pero con las siempre
ganas de ir devorando el libro.
En
definitiva, Santiago Posterguillo nos vuelve a deleitar con un magnífico libro
novelado histórico, “Los Tres Mundos”, sobre Julio César, y, sin duda alguna,
nos deja con el deseo de que siga la serie.
“Un hombre. Tres mundos. El precio de la gloria nunca fue tan alto” (Santiago Posterguillo).







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